Bienvenidos. Hace algún tiempo realicé este singular camino, y me gustaría, compartir con vosotros, por un lado algunos datos técnicos que creo interesantes y por otro las vivencias, las situaciones, el conjunto de cosas que hacen del Camino una experiencia única que transciende la manera de ver la vida del peregrino y que va mucho más allá del mero hecho de caminar algunos kilómetros, de contemplar bellos paisajes, o de conversar con algunas personas, tanto hoy como desde hace siglos.
Bem-vindos. Já faz algum tempo que realizei este singular caminho e gostaria de compartilhar com vocês, por um lado alguns dados técnicos que acho interessantes e por outro as vivências, as situações, o conjunto de coisas que fazem do Caminho uma experiência única que transcende a maneira de ver a vida do peregrino e que vai além do simples fato de caminhar alguns quilômetros, de contemplar belas paisagens, ou de conversar com algumas pessoas, tanto hoje como desde há séculos.

martes, 3 de julio de 2012

Etapa 19: Ferreiros - Palas de Rei

Domingo, 01/07/2012
Distancia: 37,1 Kms
Me levanto muy temprano, a las 5:15 y como de costumbre en silencio recojo mis cosas. Un grupo que se prepara para salir también a esta hora está haciendo un té en la cocina y me ofrece una taza. Gon no se ha levantado todavía, y no quiero despertarlo, así pues lo dejo dormir. Cuando son las seis de la mañana salgo del albergue. Tengo algunas molestias en la rodilla derecha, ya desde hace uno o dos días. Por este motivo mi camino de hoy es más lento que de costumbre. Mientras camino, algunos peregrinos me adelantan, pues normalmente en el comienzo voy lento para calentar y hoy además con las molestias añadidas, la cosa se queda más lenta.
De nuevo los paisajes matinales típicos en la región de Galicia; vegetación verde intensa, bosques a veces bastante cerrados y niebla, una densa niebla fría que crea un ambiente de enigma y misterio.
No son todavía las siete de la mañana cuando el pie izquierdo me incomoda bastante, parecía como si llevase una piedra dentro de la zapatilla. Aprovechando que paso al lado de un albergue que tiene un lugar de descanso con mesas y sillas, me siento y me saco la zapatilla para revisar. Me estiro el calcetín en el pie y me calzo la zapatilla de nuevo. No sé muy bien cual era el problema. Tal vez una ampolla que llevaba debajo de la planta del pie, tal vez un principio de tendinitis. En fin, continuo camino medio renqueante.
A las ocho de la mañana, llego a Portomarín tras atravesar un largo puente en la carretera que se pierde en la espesa niebla y que no me deja ver lo que hay al otro lado. Una vez en la ciudad, encuentro bastantes peregrinos que a esa hora inician el camino partiendo desde los diferentes albergues que existen aquí. Paro para tomar un café con leche y un crusán. Converso unos instantes con la dueña  del café sobre esta Galicia misteriosa que se despierta cada mañana entre la niebla. Ella me dice que es así, y que los lugareños ya están acostumbrados, incluso ella vive justo al lado de un cementerio en la localidad vecina de Castromayor.
Continúo camino y a las nueve de la mañana, todavía entre nieblas, paso por San Mamed, según indica un letrero bastante desgastado en la carretera.
Después de haber superado algunas subidas en el camino que agradezco inmensamente, pues a estas alturas caminar con leve subida es muy cómodo, a las once en punto de la mañana, ya con el día abierto y soleado, llego a Vendas de Narón, busco un lugar para hacer una parada para comer algo y también para quitarme la mochila y descansar las piernas y los pies. Entro en un restaurante pequeñito y rústico. La dependienta me dice que tienen un chorizo de elaboración casera que está muy rico, así que le pido que me prepare un bocadillo con pan de aldea y ese chorizo, y que lo acompañe con una caña bien fría. Aprovecho esos momentos para descansar y disfrutar el bocadillo, que realmente esta muy bueno. Cuando termino, me pongo la mochila y salgo de nuevo para continuar la andadura. Los pies y las piernas comienzan a estar cansados, pero poco a poco se van acostumbrando nuevamente a la mecánica del paso a paso. Encuentro a dos peregrinas de Madrid, y camino con ellas durante unas dos horas. Aprovecho que el ritmo que llevan es más rápido que el mío para motivarme, y conversa va, conversa viene, los kilómetros pasan de una forma bastante llevadera. Sé que de Vendas de Narón hasta Palas de Rei, destino final de mi etapa hay 12 kms, de manera que voy caminando, contemplando el paisaje y conversando.
A la una de la tarde paso por la localidad de Ligonde, y a las dos por el Alto do Rosario, ya sin la compañía de las peregrinas madrileñas, que han hecho un alto en el camino unos metros más atrás.
Ahora continúo camino hacia Palas de Rei donde llego sobre las sobre las dos y media de la tarde. Me hospedo en el albergue Mesón de Benito, que es un conjunto de restaurante y albergue muy nuevo y bien organizado. Dejo la mochila apilada junto con otras a la entrada y me dispongo a almorzar. Comida casera excelente en una sala grande típica de restaurante. Disfruto mi almuerzo y aprovecho para descansar cada instante. Después subo al dormitorio, me ducho, lavo las ropas y las tiendo. Entro un poquito en uno de los ordenadores de que dispone el albergue para mandar algunas fotos y emails y me tumbo un poco para descansar, hoy lo estoy necesitando, sobre todo mis rodillas. Creo que dormí una hora y media o dos. Me despierto con el ruido y los gritos de los seguidores del equipo de fútbol de la selección española, ya que hoy se juega la final de la copa de europa. Cuando salgo veo unos cuantos pereginos con la bandera de España pintada en los rostros con pinta labios. Aprovecho ir a pasear un poco por Palas de Rei, hace una tarde agradable. Cuando vuelvo al albergue está todo dispuesto para el partido. Hasta han acondicionado el gran salón comedor del restaurante con banderas para los seguidores españoles y la entrada que está en una sala contigua para los seguidores italianos.
Ví la primera parte sentado en una mesa, en compañía de tres italianos mientras me tomaba un vaso de sidra. Antes de la segunda parte me comí un yogur, me tomé un café con leche y me fui a dormir, lo cual no fue muy fácil por causa de los gritos que se oían de los seguidores de las selecciones.

 Antes de las 7 de la mañana, con niebla

 Parada técnica en un albergue para revisar el calzado

 Tellada

 Tellada

 Entrada a Portomarín, las 8 de la mañana y con niebla


Llegando a Vendas de Narón


Vendas de Narón


Ligonde

 Alto do Rosario. A 67,5 kms de Santiago

Ayuntamiento de Palas de Rei

lunes, 2 de julio de 2012

Etapa 20: Palas de Rei - Salceda

Lunes, 02/07/2012
Distancia: 40,3 Kms
Salí por la mañana solo, temprano, poco después de las seis. Tuve que utilizar la linterna a ratos al comienzo, pues estaba bastante oscuro, y como es habitual en la parte gallega, los bosques frondosos no dejan pasar la escasa luz que hay a estas horas. Los árboles tienen gruesos troncos y las ramas se retuercen y adquieren formas y siluetas caprichosas entre la niebla. Tienes que mirar bien por donde pisas. Escuchar cada sonido. A veces parece como si algo mágico se estuviese escondiendo a tu alrededor... ¿Hay meigas?... no lo sé. En un momento dado el camino va a dar a una aldea despoblada a estas horas, presidida por una iglesia que se alza de manera inseparable junto a un cementerio gris; silencio sepulcral. A mi alrededor nadie, solos la iglesia, el cementerio y yo... eso creo. No sé por qué pero aceleré el paso, incluso con los pies acusando ya el esfuerzo de más de dos semanas. Es el conjunto de la Iglesia y Cementerio de San Xulián do Camiño, del siglo XII. Son las siete de la mañana.
El amanecer de la etapa de hoy fue de los más bellos del camino. Puede ser porque había bastantes subidas y bajadas, se revelaban paisajes que combinaban de una manera artística los primeros rayos de sol, el verde del bosque, la niebla, algunas nubes y las abundantes flores silvestres creando escenas de una belleza singular.
No eran todavía las ocho cuando en la localidad de Cornixa, y ya con un poco de hambre paré en un restaurante al  lado de la carretera para tomarme un café con leche y dos madalenas. Después seguí camino hacia Melide, donde según se dice, se come el mejor pulpo de Galicia. Llegué a las nueve y media. Antes de llegar encontré a dos peregrinos de Zaragoza, una pareja muy simpática con quien fui conversando durante algunos kilómetros.
Ya en Melide compré dos bocadillos y unos plátanos que ya echaba de menos, pues hacía unos dos días que no comía.
En compañía de los peregrinos paramos en una placita; ellos también estaban hambrientos así que  comimos. Después del desayuno dimos una vueltecita por la ciudad, y mis dos amigos se quedaron para conocer más a fondo algunos de sus monumentos históricos, así pues, continué ya solo a la salida de Melide.
A los pocos metros encontré una peregrina, Paula, con problemas de tendinitis, más o menos como yo, así que fuimos juntos durante unas horas. Ella también había salido de Saint Jean de Pied de Port hacía ya bastantes días y había atravesado problemas serios en sus piernas, de manera que había pensado en abandonar, pero entre unos y otros la fueron animando para que continuase, y lo hizo. Al poco tiempo adoptamos un perro que por allí pasaba y que junto con nosotros hizo unos 15 kms por lo menos, de esta manera estábamos Paula, el perro y yo.
A las once y cuarto pasábamos por Boente. Durante casi todo el percurso, el camino era de tierra y transcurría entre bosques. Creo que en esta aldea fue una de las pocas veces por donde pasamos por una carretera.
A la llegada a Arzúa, sobre la una de la tarde, Paula se quedó; teóricamente también mi etapa terminaba en esta ciudad, pero como me encontraba con bastantes fuerzas todavía y tal vez mañana me faltasen, preferí aprovechar el momento, continuar durante 12 kilómetros más hasta Salceda y así quitármelos de la última etapa. Pensé que sería fácil, pero en realidad la última parte se hizo bastante pesada, no por el paisaje, sino porque las fuerzas estaban cada vez más mermadas,  y la llegada a Salceda fue sufrida. Cuando llegué al albergue, Pousada de Salceda, los pies me dolían y la tendinitis se había agravado. Intenté descansar tumbándome en la litera antes de ducharme. Después de la ducha me pasé gel de ibuprofeno en las piernas, cosa que ya empezaba a ser habitual en las últimas etapas. Hice amistad con una familia española española; la hija vivía en Inglaterra y su madre en Madrid, aunque era de Cartagena, ya de bastante edad, las dos hacían el camino juntas, madre e hija. Me pareció digno de admiración el hecho de que las dos estaban cubriendo los últimos 200 kms del camino, ya que según creo recordar, habían empezado en Sarriá su andadura.
No conseguí comer, pues a la hora que llegué, sobre las 4 y media, la cocina ya había cerrado, así que me contenté con una cerveza, un bocadillo que llevaba y una manzana. Pregunté si hacían menú del peregrino para cenar y me dijeron que sí. De esta manera estuve tomando el sol mientras hacía tiempo, el albergue era un conjunto albergue-hotel, con instalaciones lindas, tumbonas, sombrillas, mesas al aire libre, césped, etc.
A la hora de la cena me resarcí con el menú del peregrino preparado de manera excelente y acompañado de un vino de la región.
Estuve paseando un poco por el albergue, conversando con algunos peregrinos. Después me fui a dormir, todavía con las piernas doloridas y pensando como fue buena la idea de hacer 12 kms más hoy y no tener que hacerlos mañana, pero también con dudas de como iba a responder en la última etapa hasta Santiago, aunque realmente estaba muy animado.

 Iglesia y Cementerio de San Xulián do Camiño (s. XII)

 Hórreo

 Amanecer

 Cornixa

 Furelos

 Santa María

 Perro-grino

 Llegando a Arzúa

 Con Paula

Calzada

domingo, 1 de julio de 2012

Etapa 21: Salceda - Santiago de Compostela

Martes, 03/07/2012
Distancia: 29,2 Kms
Hoy es uno de los días en que me levanto mas temprano, y es que la etapa tiene una transcendencia y unos condicionamientos especiales, por su significado de llegar a Santiago y por los problemas que el número de kilómetros ya andados comienzan a ocasionarme en las piernas y pies principalmente.
Como intuyo que deberé de andar mas despacio que otros días para, por un lado preservarme y por otro llegar con tranquilidad a mi destino final, mismo que hoy la distancia prevista es menor (unos 26 kms), no quiero sorpresas, así que me levanto sobre las 5:00 y me preparo para salir. Para no despertar a medio albergue, cojo mis cosas y me salgo afuera para vestirme y preparar la mochila. También me paso, con cuidado, casi con mimo, una cantidad generosa de Radio Salil, compañera inseparable en las últimas etapas, en las pantorrillas y rodillas, y, todavía de noche, inicio mi última etapa. Desde algunas etapas siento que la fatiga muscular y el cansancio se me están acumulando de una manera bastante intensa. Realmente me está encantando hacer el camino, pero con el ritmo que estoy llevando sé que si durase una o dos etapas más, tal vez no pudiese terminarlo, no por ganas, sino por problemas físicos.
Ayer cuando llegué al albergue pensaba que había memorizado más o menos los 500 metros que este albergue se apartaba del camino, pues estaba situado al otro lado de la carretera. No fue así, y en la oscuridad, intentando ayudarme con la linterna, lo primero que hago es perderme y entrar en un terreno del pueblo de Salceda por error. Después de dar unas cuantas vueltas sin encontrar por donde ir, decido deshacer el camino andado y volver atrás para descubrir que había leído al contrario la flecha en el cartel que indicaba el camino.
El camino entra a veces al lado de la carretera, otras pasa por entre bosques frondosos. El ritmo que llevo en las primeras dos horas de camino es realmente lento y no consigo caminar más rápido porque los pies no me llevan. Casi todos los peregrinos me adelantan, y es que voy bastante despacito, pienso, lo importante es llegar, pero recuerdo con tristeza como en las primeras etapas mi ritmo era mucho más dinámico y vigoroso. También es cierto indicar que desde hacía unos tres o cuatro días había notado que el número de peregrinos en el camino se había multiplicado notablemente, imagino que hay bastantes personas que únicamente cubren los últimos 100 o 150 kms, así era interesante ver como los peregrinos que venían desde el comienzo eran fácilmente distinguibles porque tenían las pantorrillas quemadas por el sol, que siempre incide por la espalda, como ya dije antes, mientras que los peregrinos de "reciente incorporación", las tenían blancas.
En Pedrouzo, sobre las ocho de la mañana, con molestias en las piernas que me dificultan medianamente el hecho de caminar, paro para tomar un café con leche.Después del desayuno, cuando salgo del bar para continuar, me da la impresión de que voy a tener que ir más despacio todavía, y entonces sucede algo muy extraño; no sé como ni por qué pero comienzo a andar como en la primera etapa del camino, rápido y sin ningún problema; sin dolores ni molestias. Teóricamente faltan todavía casi 20 kms según mis cálculos para llegar a Santiago, y a partir de ese momento y hasta llegar al final de la etapa, el ritmo que llevé fue de los más veloces de todo el camino... realmente, no tengo hasta el día de hoy una explicación plausible para este hecho peculiar, ¿Influencia del santo?
Continuando por caminos entre bosques, poco antes de las 10 de la mañana encuentro un mojón en el camino, con el símbolo de una concha tallada en él que me indica que he entrado en el Concello de Santiago. Más tarde bordeo el aeropuerto de Santiago de Compostela y a las diez y media paso por la localidad de Lavacolla. Sé que comienzo a estar cerca del fin de mi aventura.
A las 11:30 llego al famoso Monte do Gozo, que se llama así según dicen porque este punto geográfico sito a 370 metros de altitud, es el primer lugar en todo el camino desde donde pueden avistarse las torres de la Catedral de Santiago. Yo realmente no vi nada, también es cierto que no me preocupe mucho por averiguar si se veían o no.
A partir de ese momento comienza la entrada en la ciudad de Santiago de Compostela, que se hace un poco pesada porque al ser una ciudad grande, tiene un núcleo urbano bastante extenso. Poco a poco tras largas avenidas, voy llegando a la parte antigua de la ciudad. El día está triste, el cielo gris amenazando lluvia. Mientras camino, pasan bastantes cosas por mi cabeza; me siento feliz y triste al mismo tiempo. La aventura que había preparado durante tanto tiempo está próxima a terminar. Tienes la satisfacción de haber cumplido el objetivo, pero también ves que ser terminan los días de camino, los amaneceres tranquilos, el sonido de tus pasos sobre la tierra, las charlas con quien aparece, las tertulias y la paz de los albergues, el tiempo para pensar y meditar.
Finalmente sobre la una menos diez atravieso el túnel de la rua de la Acibechería que desemboca en la Plaza del Obradoiro, donde se encuentra emplazada la fachada principal de la Catedral de Santiago de Compostela. Por unos momentos, me quedo en medio de la plaza contemplando la catedral. Creo que había pensado tanto en este momento que no me sorprende demasiado. En realidad lo que más me fascina en estos instantes es el conjunto del camino en sí. La catedral es solo un detalle más. Sea como fuere, me quedé largo tiempo deambulando por la Plaza del Obradoiro, observando los turistas que allí se encontraban, los peregrinos que como yo estaban llegando al final del camino, mientras escuchaba el sonido apagado de un gaitero que tocaba música típica celta en el mismo túnel por donde yo mismo había pasado minutos atrás.
Es el final del camino por hoy, y las sensaciones y emociones se agolpan y piden paso, pero, cada cosa a su tiempo; por ahora quiero disfrutar del momento, después, ya veremos.

 Bosque a la salida de O Pedrouzo

 A 13 kms de Santiago

 Entrando en el Concello de Santiago

 O Monte do Gozo


Santuario de San Lázaro

 Plaza Cervantes

 La primera vista que tuve de La Catedral de Santiago

 Paso que lleva a la Plaza del Obradoiro

 Llegué

 Catedral de Santiago de Compostela