Bienvenidos. Hace algún tiempo realicé este singular camino, y me gustaría, compartir con vosotros, por un lado algunos datos técnicos que creo interesantes y por otro las vivencias, las situaciones, el conjunto de cosas que hacen del Camino una experiencia única que transciende la manera de ver la vida del peregrino y que va mucho más allá del mero hecho de caminar algunos kilómetros, de contemplar bellos paisajes, o de conversar con algunas personas, tanto hoy como desde hace siglos.
Bem-vindos. Já faz algum tempo que realizei este singular caminho e gostaria de compartilhar com vocês, por um lado alguns dados técnicos que acho interessantes e por outro as vivências, as situações, o conjunto de coisas que fazem do Caminho uma experiência única que transcende a maneira de ver a vida do peregrino e que vai além do simples fato de caminhar alguns quilômetros, de contemplar belas paisagens, ou de conversar com algumas pessoas, tanto hoje como desde há séculos.

martes, 30 de octubre de 2012

El Camino de Santiago en 21 etapas

Hola. En este post me gustaría analizar la importancia o la poca importancia que tiene el hecho de hacer el camino en 21 etapas, y que puede considerarse desde muchos puntos de vista, y creo que en todos ellos puede existir quien piense que es acertado o no. En definitiva imagino que cada uno tiene su opinión.


El motivo de plantearme un Camino de Santiago en menos etapas de las que en general recomienda cualquier manual tradicional de, en este caso, el llamado “camino francés" tiene razones y orígenes diversos. En mi caso, como imagino que en el de muchos otros peregrinos, atiende a un requisito de tiempo, y, particularmente para mí es difícil el hecho de poder reservarme 40 días o más para poder planificar el viaje desde Brasil, si contamos que entre viajes internacionales, adecuación para la salida y otros factores, un camino que lleva normalmente 32 días, podrá exigir en total unos 40, contando todos estos factores previos y posteriores a lo que es en sí el propio Camino.
De esta manera, y analizando la situación de un modo más genreal, es claro que muchas personas disponemos de no mucho tiempo libre o de vacaciones, al menos, no tanto como desearíamos para realizar algunos proyectos que por su envergadura salen del marco de los períodos vacacionales considerados como "normales", por ejemplo dar la vuelta al mundo o subir el Everest.
Una consideración tan importante como obvia para realizar el Camino en menos días, pongamos en 21, es que se requiere una preparación física previa adicional que permita afrontar con garantías los desplazamientos entre los diferentes puntos de partida y llegada trazados en las etapas; me explico: una cosa es trazar las etapas en el papel, otra cosa muy diferente es andar esas etapas sobre el propio terreno, con la presencia de contingencias tales como calor intenso, lluvia, en general factores climáticos por un lado y factores físicos por otro, principalmente acumulación de cansancio, dolor muscular, aparición de ampollas en los pies, y otros. Tenemos que recordar que una cosa es caminar 45 kilómetros un día, y otra diferente es caminarlos día tras día durante bastantes días. Evidentemente no es imposible, y en mi caso fue bastante más fácil de lo previsto, pero es innegable que se requiere una gran dosis de paciencia, capacidad de sacrificio y espíritu de superación.
Es cierto que algunos peregrinos realizan el camino en diferentes temporadas, así un año pueden cubrir unos cientos de kilómetros, y al año siguiente cubrir otra parte, o el resto. Esta hipótesis creo que es válida para personas que vivan en España o en sus inmediaciones, en donde el desplazamiento suponga un coste bajo. En mi caso, este hecho es un factor importante o tal vez decisivo, pues por causa de vivir en Brasil, me es particularmente difícil hacer el Camino en varias partes, por motivos tanto económicos, como de selección de días libres en épocas vacacionales.
Ya analizando el lado emocional, el Camino de Santiago tiene una transcendencia tan diferente como especial , y su amplitud puede alcanzar distintos ámbitos interiores o personales de quien lo realiza, así una persona puede sentirse tocada de una manera mucho mas intensa desde el punto de vista espiritual al recorrer el camino que al viajar para el Caribe.
En el Camino  pueden destacarse aspectos tan importantes como el entorno paisajístico, que lleva a quien lo realiza a sentirse como en la antigua edad media (viaje en el tiempo), el hecho de pasar buena parte del día caminando, con el consiguiente tiempo para pensar y para dedicarse a uno mismo, olvidándose de problemas que podríamos calificar de "terrenales". También es importante el tiempo en que se interactúa con otras personas, es tiempo de comunicación, de conocimiento de los otros, de conversacion, sin importar el país de origen o la clase social. El sufrimiento, el esfuerzo o el agotamiento pueden hacer parte del camino como componentes intrínsecos, pero creo que son factores tan previsibles y tan inevitables que ni sorprenden ni afectan en demasía.
Así pues en el camino, como en la vida misma, conviven la belleza, las relaciones humanas, el dolor, y algunos que otros factores que ahora no me vienen a la cabeza, con un objetivo final... llegar. Este objetivo tiene para cada individuo un significado propio y diferenciado, y creo que es tan válido si es religioso o deportivo o meramente de realización personal; hasta puede que sea un significado conjunto, o tal vez en un plano totalmente diferente del que yo puedo imaginar.
Así, para terminar, el hecho de hacer el camino en 21 etapas o en 32 o en 40 es un hecho poco relevante y con un significado insignificante comparado con lo que es el propio sentido y transcendencia que supone El Camino de Santiago.

lunes, 23 de julio de 2012

Llegada a Saint Jean de Pied de Port

Martes, 12/06/2012
Bueno, pues comienza aquí mi relato, o crónica, o diario de peregrino de esta andadura que me llevó desde Saint Jean Pied de Port hasta Santiago de Compostela, en un percurso tan increíble como curioso y tan diferente como sorprendente. Es un viaje cuyo recorrido abarca una distancia inmensamente superior a los 800 kilómetros andados y cuya duración persiste mucho más allá de los 21 días que permaneces alejado del mundanal ruido.
Partía desde Barcelona, aunque desde las principales ciudades de España, existe una comunicación cómoda y tranquila para llegar al punto de inicio del camino, principalmente utilizando autobús o tren.
En mi caso, utilicé el servicio de tren de Renfe, que tiene una línea regular que cubre el trayecto Barcelona-Pamplona, saliendo a las 7:35 de la mañana y llegando a Pamplona sobre las 11:30. El billete lo compré desde Brasil, lugar donde resido, a través de Internet, y tuvo un coste de unos 35 euros. Salí desde la Estación de Sants, y fue en realidad un desplazamiento que se hace super corto.
En Pamplona, existe una línea de autobuses de Alsa de reciente creación que realiza el trayecto que une Pamplona con Sain Jean Pied de Port, saliendo a las 14:00, creo recordar, con un coste de 15 euros (si deseas informaciones más completas, consulta mi otro post titulado "Como llegar a Saint-Jean-Pied-de-Port"); también me fue posible comprar el billete utilizando los servicios de internet e imprimiendo el billete en la impresora de casa.
Cuando llegué a Pamplona, saliendo de la estación de tren, la primera cuestión era dónde estaba la estación de autobuses, así que me acerqué a una parada de taxis que hay a la salida de la estación y me dirigí a un taxista para preguntar. En ese momento ya iba con la mochila al hombro y ataviado al estilo peregrino. Desde ese instante hasta la llegada a Santiago de Compostela, ya no volví a utilizar otro medio de transporte que no fuesen mis propios pies. Era una condición que me había impuesto a mi mismo, y que me fue extremadamente fácil de cumplir.
Bien, mi soledad en el camino era algo que me preocupaba, y que realmente duró unos dos minutos. No había comenzado a alzar el brazo para dirigirme al taxista cuando oí una voz a mis espaldas preguntándome ¿Vas a Saint Jean Pied de Port?... Cuando volví la vista descubrí a una joven no muy alta con la mochila al hombro, luciendo al igual que yo un modelito de peregrino... sí, le respondi. Me dijo, ¿vamos juntos?... Claro que sí, contesté... Bueno, ella era Eli, y venía con un amigo, David. Juntos salimos los tres para atravesar Pamplona, conocerla un poquito, y llegar a la estación de autobuses también, a ser posible después de haber almorzado.
No recuerdo muy bien las calles por donde pasamos para llegar desde la estación de trenes al centro de la ciudad, y como aparentemente tanto Eli como David habían estudiado el camino de la estación anticipadamente, simplemente me dejé llevar y fui observando las calles y las construcciones de esa ciudad que iban apareciendo a mi paso. Recuerdo un arco en la calle que después supe que era el Arco del Triunfo del Parque de la Taconera.
Ya en el centro de la ciudad, comenzó una lluvia tímida, de manera que vestimos alguna ropa impermeable para continuar caminando por el centro de la ciudad. Vimos la plaza del Ayuntamiento y la famosa "Curva de la Estafeta", que yo personalmente desconocía, pero que David le dió tanta importancia que ahora la grabé en mi memoria como uno de los puntos importantes de mis escasos conocimientos de la ciudad de Pamplona.
Era cerca de la una cuando conseguimos entrar en un bar-restaurante, y aprovechamos para almorzar. Ya un poco con prisas, a las dos de la tarde más o menos salimos para la estación de autobuses. Allí conocimos a un madrileño, Gonzalo que también iba para el camino. El autobús salió puntualmente a las 14:30 rumbo a Sain Jean Pied de Port, por una carretera de bastantes curvas donde es fácil marearse. A las tres pasábamos por Roncesvalles y poco antes de las cuatro estábamos en Saint Jean. Allí, no recuerdo como conocimos a dos peregrinas más, Ana e Ivete, y conformamos un grupo de seis que permanecería junto en la caminata hasta el dia siguiente.
Fuimos al número 39 de la Rue de la Citadelle para comprar la credencial del peregrino, que costaba 3 euros si no recuerdo mal. Después fuimos a un supermercado que estaba bastante lejos del centro de la ciudad para comprar provisiones, y a partir de ahí caminamos un poco por la ciudad, para visitar sus lugares históricos. Yo aproveché para comprar en una tienda de souvenirs la concha del peregrino, que colgué en la mochila y que me acompañó hasta la conclusión del camino en Santiago de Compostela y que guardo conmigo.
No sabía como iba a evolucionar mi futuro en el día de hoy. Según mis planos, debería de comenzar la subida a los Pirineos aprovechando la luz solar y llegar hasta Valcarlos, por una variante del camino que no es la más bonita, pues iba por la carretera, pero que me permitía dormir ya en España (Valcarlos) y dosificar el esfuerzo de la etapa del día siguiente. En el grupo había una división de opiniones sobre qué hacer. Unos querían quedarse a pasar la noche en Saint Jean. Otros querían comenzar a caminar ya, pero por la variante de la Ruta de Napoleón, más atractiva visualmente, pero que no entraba en mis planos por cuestiones logísticas. Finalmente tomamos una decisión; iríamos los seis juntos, por la Ruta de Napoleón, y dormiríamos en el albergue de Orisson, que era una posibilidad que yo personalmente había descartado, pues no quería dormir en albergues francesses. Finalmente hubo quorum y todos cedimos para unificar esfuerzos. En mi caso, hasta que esta posibilidad era interesante. Más bella que la ruta de Valcarlos, y más directa. Me quitaba 7 km ya hoy, y así para mañana me quedaban aproximadamente unos 47 km. No era una maravilla, pero con una compañía tan agradable, valía la pena sacrificarse y andar algunos kilómetros más el día siguiente.

Salida de la Estación de Sants (Barcelona)

Arco del Triunfo (Pamplona)

Parque de la Taconera (Pamplona)

Ayuntamiento de Pamplona

La curva de la Estafeta (Pamplona)

Tarde lluviosa (Pamplona)

Puente medieval sobre el río La Nive (Saint Jean Pied de Port)

39 rue de la Citadelle (Saint Jean Pied de Port)

Centro de Saint Jean Pied de Port

Notre Dame (Saint Jean Pied de Port)

domingo, 22 de julio de 2012

Étapa Prólogo: Saint Jean Pied de Port - Orisson

Martes, 12/06/2012
Distancia: 7,5 Kms
El inicio del Camino de Santiago fue en un día 12 de junio de 2012 a las cinco y media de la tarde, saliendo desde la ciudad de Saint Jean Pied de Port. Íbamos un grupo formado por Ivet, Eli, Ana, Gonzalo, David y yo, con destino al albergue de Orisson a una distancia de aproximadamente unos 7 km.
Fue una etapa de precalentamiento donde se pudo aprovechar para tener las primeras sensaciones in situ de lo que representaría posteriormente el camino, principalmente en lo que se refiere a la respuesta física conforme al esfuerzo requerido, y a lo que la preparación y el entrenamiento de los meses previos suponía para esta situación ya real.
La salida de Sant Jean Pied de Port se realiza por la carretera D-428, que en realidad es una carreterita estrecha, bien asfaltada que facilita grandemente el caminar. Al principio transcurre entre casitas de montaña con balcones llenos de tiestos con flores, de un visual muy bonito. De cualquier manera, los primeros kilómetros se realizan en una fuerte pendiente que obliga a un esfuerzo inicial exigente, y en donde creo que es prudente ir despacio con objeto de calentar músculos para después aumentar gradualmente el ritmo. En cualquier caso, como íbamos hablando y sin prestar mucha atención al ritmo, creo que al inicio impusimos un ritmo tal vez un poco fuerte.
El tiempo acompañaba y si bien existían bastantes nubes, el azul del cielo era predominante y el calor no era excesivo, lo cual colaboraba para crear un ambiente muy propicio para el inicio.
Ya a los pocos minutos caminados, se gana bastante altura, con lo cual las vistas que se revelan cuando vuelves la vista atrás son muy bellas y permiten apreciar el relieve montañoso cubierto de verde y el valle en donde la ciudad de Sain Jean Pied de Port se hace cada vez mas diminuta y al mismo tiempo comienzan a aparecer otras  aldeas a su alrededor y algunos conjuntos de casas de estilo rural.
Sin mucho tiempo para pensar, a eso de las seis y media minuto arriba minuto abajo, llegábamos al albergue de Orisson. Es un albergue nuevo, muy limpio, pero con pocos recursos si lo comparo con el resto de albergues que fui encontrando a lo largo del camino. Por otro lado, el precio de 15 euros que se cobra por noche es exagerado, también si lo comparo con las tarifas del resto de albergues, teniendo en cuenta que no incluye desayuno. Tiene una cocina equipada, una sala-comedor con una mesa para unas diez o quince personas y un piso superior donde están las literas; nada más. Sus vistas son fantásticas debido a la situación privilegiada que te hace sentir como en un inmenso balcon vuelto al lado francés de los Pirineos.
Una vez en el albergue, lo primero que hicimos fue turnarnos para ducharnos, pues tan solo había dos duchas. Después lavamos la ropa y nos pusimos mas cómodos para cenar y después dormir. Este tipo de rutina sería habitual en las próximas etapas, por eso solo la comentaré con mas detalles en ésta. Como la noche se presentaba nublada y con riesgo de lluvia, improvisamos unos tendederos dentro de la sala, lo cual hizo que el ambiente comenzase a ser divertido... bastaba apenas echar un vistazo y ver los diferentes tipos de ropas tendidas.
Ocurrieron bastantes situaciones cómicas, como por ejemplo descubrir que todos o casi todos llevávamos toallas marca Quechua, y así David después de cortar un trozo de queso con su flamante navaja multiuso, comenzó a limpiarla en su toalla, que estaba tendida, pero que en realidad, era la mía. Después de la ducha, las chicas aparecieron con la cabeza mojada, y como no había secador, improvisamos uno conectando el horno de la cocina, abriendo la tapa del mismo y dejando salir el aire caliente; ellas situaron la cabeza a la salida y bueno, parece que funcionó. Más tarde una de las chicas tenía frío, y como yo en Brasil normalmente encendía el fuego del hogar, me dispuse a hacer lo mismo aquí, solo que los troncos eran inmensos, casi no cabían en el hogar, y estaban húmedos, en fin, tuvimos la feliz idea de primero secar unos troncos menores dentro del horno, y, una vez secos colocarlos al fuego para hacer brasa. Resultado, dormimos ahumados y con frío, eso sí, con menos frío, porque las carcajadas nos hicieron entrar en calor. 
Cenamos sobre las nueve o más, junto con un peregrino alemán que llegó un poco después y al que confundimos con el hospitalero. Lo hinchamos a preguntas... que si falta alcohol para encender el fuego, que si hace frío, etc. Hasta lo intentamos mandar al pueblo para que viniese con los enseres necesarios para hacer un fueguecito. El pobre no sabía que decir, y pensábamos... para ser hospitalero casi no sabe hablar español... al final, conseguimos entender que era un peregrino como nosotros. La cena la hicimos a base de lo que compramos en el supermercado de Saint Jean Pied de Port.
A eso de las diez y media u once creo, estábamos metidos en la cama y durmiendo. A las once y media, sonaba mi móvil a todo volumen, pues mi mujer me llamaba desde Brasil, que estaba con cinco horas menos por la diferencia horaria, por tanto alli serian las seis y media de la tarde. Bien, no encontraba el móvil que no paraba de tocar de manera que desperté a todos, en fin, creo que fue la última anécdota del día. A partir de hoy ya no me olvidé más de dejar el móvil en modo silencioso antes de ir a dormir.
Creo que esta etapa prólogo fue la que me hizo recordar más el ambiente típico de las excursiones de cuando era joven. Dormí super bien y comencé a percibir los diferentes aspectos y facetas, tanto de tipo deportivo como de tipo personal, social, etc.,  que hacen con que el Camino de Santiago sea una experiencia única, en gran parte por la conjunción de todos estos factores y también por la predisposición tan inmensamente positiva de los peregrinos que en él se dan cita.

Inicio del Camino saliendo de Saint Jean Pied de Port

Cerca de Hontto

Hontto

Orisson

Vista desde el albergue de Orisson

sábado, 21 de julio de 2012

Etapa 01: Orisson - Zubiri

Miércoles, 13/06/2012
Distancia: 41,5 Kms
Nos despertamos sobre las seis menos diez de la mañana. Entre todos preparamos el desayuno con los alimentos comprados ayer en el supermercado de Saint Jean. Principalmente pan de molde, mantequilla, nocilla, leche y algun zumo.
Recogimos la ropa del tendedero, todavía un poco humeda, así que algunos colgamos lo que estaba menos seco en la mochila para que se terminase de secar a medida que andábamos. 
El día estaba con cara triste, muy gris y amenazando lluvia a cualquier instante. Hacía frío y había bastante niebla y nubes bajas (o tal vez es que éramos nosotros los que estábamos bastante altos). En resumen era un día bastante desapacible y poco convidativo, pero en el camino hay que aprovechar lo mejor de cada día, así que, a mal tiempo, buena cara.
Nos hicimos unas cuantas fotos antes de abandonar el albergue de Orisson y a eso de las siete y cuarto comenzamos la subida a los Pirineos. 
Al poco de salir paramos unos minutos en un bar-restaurante para tomar un café con leche y para que nos hicieran unos bocadillos para comer más tarde.
El camino era más bien una excursión de montaña, que me recordaba a los viejos tiempos de subidas al Taga o al Puigmal. No tiene nada que ver con las próximas etapas, donde se siente de una manera mucho más clara que estás haciendo el Camino de Santiago. Esta etapa es diferente, y, en mi opinión personal, recomiendo enfáticamente a las personas que hacen el camino francés, comenzar en Saint Jean, y no en Roncesvalles, porque esta etapa tiene un sabor diferente y un estilo mucho más salvaje y espectacular. Tienes sensaciones diferentes y te sientes mucho más integrado, y a veces cansado por causa de los fuertes desniveles, haciendo una etapa de auténtica montaña. Las vistas y las escenas pirenaicas son impresionantes, creo que en cualquier clima. Si hace sol, porque hace sol, y si está nublado y con niebla, como era el caso de hoy, pues porque tiene ese encanto especial de la naturaleza encrespada, que te hace sentir un cierto respeto y prudencia.
Las pendientes son bastante fuertes y se ganan bastantes metros de desnivel en poco tiempo. El camino tenía bastante barro por causa de las lluvias caídas en los últimos días y que después supe que habían obligado en los dos días anteriores a retrasar la salida de algunos peregrinos.
Poco después el camino entra en una carreterita asfaltada por donde andamos durante bastante tiempo. Casi al final de la ascensión, o por lo menos eso me parecía, había un chiringuito bastante peculiar; en él se vendían frutas y zumos y también se sellaban credenciales. El encargado tenía un gran tablón de anuncios con una larga lista de países. Tú decías de que pais eras y él anotaba una cruz, así sabías hasta ese momento cual era la clasificación del total de peregrinos que por allí habían pasado hasta esa hora del día.
Continuamos hasta un lugar que tiene una indicación en donde se lee "Roncesvaux - Orreaga" a la derecha. A partir de este punto el camino entra en un terreno de tierra que por las circunstancias del clima era más bien un barrizal donde tenías que ir midiendo cada paso que dabas. Caminas al lado de una cerca de alambre espinado que creo que era la frontera con España, y fue en ese alambre donde por un descuido me "rasgué" dos dedos de la mano derecha... el camino empezaba bien para mi. Afortunadamente la sangre no llegó al río, y con mertiolato que llevaba yo, más tiritas que llevaba Eli, más gasas que llevaba Gonzalo, y en general, entre unos y otros, el servicio de socorro fue perfecto. Y como poco antes habíamos llegado a la fuente de Roland, pude lavarme. Eran las diez de la mañana. El camino continúa serpenteando y bajando entre piedras y barro. Sobre las once de la mañana entramos en España y a esa misma hora paramos para desayunar los bocadillos.
Con las fuerzas repuestas, el camino entra en un sendero ancho, entre un bosque denso poblado de altos árboles, donde las hojarascas secas constituyen una gruesa capa, creo que de unos 20 cm, donde pisar es una sensación de lo más agradable.
Transcurrido el mediodía, llegamos a Roncesvalles, donde hicimos una parada para visitar su iglesia, sellar las credenciales y dar una vuelta. Ana se quedó en el albergue, de esta manera el grupo continuó marcha con uno menos, ahora éramos cinco. 
Desde Roncesvalles en adelante, el camino se hace mucho más tranquilo, una vez abandonada la montaña. El paisaje cambia radicalmente pasándose del fuerte relieve montañoso a las grandes llanuras con campos de trigo y viñedos, paisajes más tranquilos y reposados que no por ello dejan de ser impresionantes y de sorprender al peregrino. Este tipo de parajes serán compañeros de viaje durante bastantes etapas a partir de aquí.
A las dos menos cuarto, llegamos a Burguete por un camino de gravilla fina, donde alguna que otra vez nos cruzamos con rebaños de vacas. Poco antes de las tres llegamos a Aurizberri (Espinal en castellano), y paramos en un bar-restaurante para comer. Era tarde pero conseguimos comer un "menú del peregrino"; el típico menú del día de los restaurantes de España, durante el Camino de Santiago se denomina "menú del peregrino", y tal vez sea un poco más abundante... en cualquier caso su relación calidad/precio es excelente.
Después de comer, mis primeros amigos del camino optaron por quedarse en el albergue de Espinal. Yo tenía el fin de etapa marcado en Zubiri, unos 15 km después. De esta manera "perdía" a mis primeros compañeros de viaje, si bien continuaríamos conectados durante el resto del mismo por medio de mensajes de móvil. Nos despedimos y ya solo continué camino hacia mi destino final de etapa.
El calor a estas horas era excesivo, y el hecho de faltar todavía 15 km para completar, y de caminar solo, hace que el camino se te ponga cuesta arriba, casi como al principio de la etapa. Tiempo para contemplar los paisajes durante el sol tórrido de la tarde, tiempo para meditar. A las cinco y media pasaba por Bizkarreta. 
Cuando faltaba poco más de una hora para llegar a Zubiri, vi un peregrino delante de mi, con una gorrita blanca en la cabeza. Fui andando, y cuando estaba cerca de él, echó a correr y abrió una distancia. Después de unos minutos, llegué otra vez cerca de él. De nuevo corrió... en fin, cada loco con su tema.
No marqué la hora, pero debían ser las siete y media cuando llegué a Zubiri. Me hospedé en el albergue de "El Palo del Avellano". Me duché y me fui a comprar algunas cosas para mañana.
Eran casi las nueve cuando bajé a cenar al salón. Me senté al lado de un grupo de peregrinos catalanes que me ofrecieron unos cortes de embutidos de la tierra. Nos quedamos cenando y hablando. Poco antes había entablado conversación con un peregrino que se había sentado a cenar en frente de mi. Me dijo que vivía en New York, por lo que deduje que era norte-americano. Conversamos sobre el camino, trabajo, etc. Después comenzó a hablar con el grupo de catalanes, con los que se comunicaba en francés, en realidad era francés pero hacía unos años que estaba afincado en New York por motivos de trabajo. En un momento dado, sacó una gorrita del bolsillo, una gorrita blanca, y se la puso sobre la cabeza... Aja! Eras tú el que corría!, le dije. Nos reímos un buen rato. Después me dijo que no huía de mi, sino que corría porque en las bajadas fuertes,  el hecho de correr cansa menos las pienas y no es tan agresivo para las rodillas. Esas palabras se quedaron grabadas en mi memoria, y realmente en algunas etapas después, utilicé esa técnica, y para mi por lo menos, funcionó.
De postre había comprado dos yogures y como no tenía cucharilla, le pedí una a la hospitalera, que era un encanto de persona, muy simpática. Tenía un nombre vasco que no consigo recordar. Cuando acabé de comer el yogur, recogí los restos de comida de la cena y tiré todo a la basura. Después me di cuenta que la cucharilla fue junto con el resto... Le comenté el hecho infeliz a la hospitalera, me dijo, "no te preocupes"... pero me pareció feo mi descuido, en fin... fui a la basura, busqué en ella la cucharilla, ... la encontré!
Me quedé un ratito en el salón abriendo algún email, leyendo un poco los libros sobre el camino que había en un estante. Después, hora de dormir.

Ivet, David, Ana, Gonzalo, Eli y yo

Vista del valle desde Orisson

Por la Ruta de Napoleón

Subida a Los Pirineos

Cerca de las nubes (pasado Orisson)

Montañas de Los Pirineos

Caminos entre hojarascas (cerca de España)

Iglesia de Santiago (Roncesvalles)

Abadía y albergue de peregrinos (Roncesvalles)

Llegando a Espinal

viernes, 20 de julio de 2012

Etapa 02: Zubiri - Cizur Menor

Jueves, 13/06/2012
Distancia: 27,0 Kms
No me levanté muy temprano este día, si lo comparo con los próximos, ya que cuando diseñé las etapas del camino, al principio había estipulado salir sobre las 7 de la mañana. Me levanté allá por las 6 de la mañana, o un poco más tarde incluso y tras recoger mis cosas y prepararme, bajé las escaleras que conducían al salón principal del albergue, donde el día anterior había dejado mi calzado de diario para colocarme las sandalias de andar por el albergue.
Di de cara con Yen, el peregrino de Paris afincado en New York y movido a música, que ya estaba conectando el computador del albergue para entrar en You Tube y poner a tocar la música de Jay Z y Alicia Keys "Empire State Of Mind". Era una simpatía en persona, me saludó con una sonrisa mientras se movía al ritmo de la musica. Consiguió dejarme con el son de esta música en la cabeza durante buena parte del día.
En la sala principal había una puerta que comunicaba con una sala menor, junto a la cocina, provista de dos mesas grandes, con una docena de sillas en cada una; vi que había luz y cuando entré descubrí que estaban sirviendo el desayuno, es decir que con el precio del albergue, se podía desayunar... ventajas de ser peregrino. Sobre la mesa estaban dispuestas unas grandes hogazas de pan de aldea recién horneado, café caliente, leche, mantequilla, mermelada y algunos otros alimentos. El aroma era una delicia, y la cantidad de comida, abundantísima. Solo comí una tajada de pan con mantequilla y mermelada y una taza de café con leche. En la mayoría de las etapas próximas no volvería a encontrarme con un desayuno de estas características, principalmente porque comencé a salir mucho antes para aprovechar mejor el horario del día, y el desayuno generalmente, cuando lo había, era servido sobre las 7 de la mañana.
Dejé el albergue sobre poco más de las siete por unas calles que tenían una pendiente moderada, y estuve caminando durante unos minutos con un grupo de navarros. Una de las peregrinas estaba aprovechando para cubrir una o dos etapas del camino; me dijo que cada vez que tenía tiempo hacía este tipo de caminata.
A las 8 de la mañana ya había dejado atrás al grupo de navarros y pasaba por la aldea de Eskirotz, y a las 8 y media llegaba a Akerreta. El paisaje era bello, totalmente verde, con bastantes prados, caseríos, caballos; ambiente totalmente rural. El día también estaba soleado, sin una sola nube. Fue más o menos por aquí cuando alcancé a Yen, y fuimos caminando juntos durante parte de la etapa.
A las 9 y cuarto pasábamos por Zuriain, bordeando el río Arga, y a las 10, llegamos a Zabaldika, donde existe un merendero al lado de la carretera. Paramos aquí y nos dispusimos a desayunar. Yo había preparado un bocadillo con pan y embutidos que había comprado el Zubiri ayer, y un plátano. A partir de Zabaldika existe una subida moderada que conduce a Arre, ya en las proximidades de Pamplona. Yen terminó de comer su desayuno antes que yo; le dije que no hacía falta que me esperase, que podía continuar. Así lo hizo y desde este momento perdí el contacto con él. Cuando hube terminado continué marcha. A las once menos cuarto estaba en Arleta y a las once y cuarto atravesaba el Puente de los Bandidos, que lleva hasta Villava.
A las doce llegaba a la ciudad de Pamplona por segunda vez en el camino, esta vez a pie, y atravesaba sus murallas por la Puerta de Francia. Me di un paseo grande por las calles de la capital, aproveché para hacer bastantes fotos, conocer los lugares típicos, como la curva de la estafeta, el Ayuntamiento o la Catedral. A la una y media entré por segunda vez en el restaurante Qwerty, había entrado una hora antes para preguntar a que hora comenzaba el almuerzo. Comí super bien. Comida más sofisticada, con presentación elaborada, más de capital; normalmente los llamados "menú del peregrino" son mas rústicos, pero en general, igualmente exquisitos.
Cuando terminé, pedí un café y la cuenta, descansé un poco y después me colgué de nuevo la mochila a hombros y salí a las calles. Pasé nuevamente por delante de la Catedral, después por la calle Mayor, más tarde por el Parque de la Taconera y por la Ciudadela y a partir de ahí comencé a abandonar Pamplona sobre las tres y media.
Teóricamente debería haber terminado la etapa en Pamplona, pero como era una etapa corta (unos 22 kilómetros) y me encontraba muy bien, opté por caminar un poco más, y fui hasta Cizur Menor, unos 5 kilómetros mas allá; de esta forma me quitaba esa distancia de la etapa de mañana, que como se perfilaba con unos 45 kilómetros aproximadamente, caía de esta manera para 40.
A las cuatro de la tarde llegaba a Cizur Menor y me hospedaba en el albergue de la Orden de Malta.  El hospitalero, Mathieu, era una persona seria, de caracter muy formal, con un fuerte acento francés. Percibí que le encantaba conversar. Me mostró las instalaciones y me acomodó en el dormitorio. Después de ducharme y lavar la ropa, estuve un rato hablando con él. Más tarde aparecieron unos peregrinos valencianos y entre todos preparamos la cena. Todavía tuve tiempo de salir a pasear por la aldea, hacer unas fotos y comprar unas provisiones para mañana. Eran más de las diez cuando todavía los últimos rayos de sol retrasaban la llegada de la noche. En fin, me fui a dormir todavía con la luz del día... eran las diez y cuarto!


Eskirotz


Akerreta


Caserío (Akerreta)


Parada y Desayuno con Yen (Zabaldika)


Puente de los Bandidos sobre el río Ultzama (Trinidad de Arre)


Plaza de San Francisco (Pamplona)


Calle Mayor (Pamplona)


Iglesia de San Juan (s.XII) (Cizur Menor)


Iglesia de San Emeterio y San Celedonio (Cizur Menor)


Torre Militar en la Iglesia de San Juan (Cizur Menor)

jueves, 19 de julio de 2012

Etapa 03: Cizur Menor - Villatuerta

Viernes, 15/06/2012
Distancia: 38,1 Kms
Me levanté temprano (5:50), me arreglé y recogí las cosas en la mochila. Había a esa hora bastante poca gente levantada, pero Mathieu ya estaba alli dándome los buenos dias. Hice una cafetera grande de café para mi y para el resto de personas que poco a poco iban apareciendo en la cocina con cara de sueño. Tomé un cafecito y una tostada con margarina y mermelada. Las provisiones del albergue creo que las compraba el propio Mathieu con los donativos de los peregrinos, así que yo también colaboré y coloqué un dinerito en la hucha. Estuve un poquito conversando con el hospitalero y con algún peregrino mientras por la ventana se veía el amanecer lindo y aparentemente fresco del día, que prometía ser soleado y después salí. Realmente hacía bastante frío.
El camino desde Cizur transcurre por una senda de tierra y gravilla fina de aquella que es perfecta para hacer kilómetros, cómoda y con una rampa suave hacia arriba, que a lo largo de las etapas encontré que es la mejor situación con la que te puedes deparar para caminar de una manera confortable y tranquila.
Sobre las ocho y cuarto de la mañana, entre campos de trigo o cebada, no conseguí distinguir muy bien, y en un entorno agrícola ecológicamente correcto, llegué a la localidad de Zariquiegui. Ya en el propio pueblo las calles acentúan su pendiente y cuando la abandonas, te das de cara con la subida que conduce al Alto del Perdón.
Las rampas del alto, son de una inclinación moderada y muy constante, pero muy fáciles de subir, sin grandes sobresaltos ni discontinuidades. El paisaje es bello y a medida que se gana altura, van apareciendo en el horizonte una gran cantidad de aldeas. El perfil del alto que aparece como una muralla, está coronada por innúmeros molinos de viento modernos de generación de energía electrica. Llegué al Alto del Perdón un poquito antes de las nueve, después de una subida continua de una media hora minuto más minuto menos.
En el alto hay una serie de figuras recortadas en chapa gruesa de metal, que simbolizan personajes de épocas medievales, burros y caballos... por lo menos eso es lo que percibí. Sé que me llamaron bastante la atención.
La bajada es muy incómoda con piedras de canto rodado grandes y resbaladizas que dificultan muchísimo el paso, es realmente un rompe piernas. Mucho peor la bajada que la subida, tuve que cuidar bastante a cada paso, porque lo que más te preocupa es que por una tontería de paso en falso, sobre todo en este tipo de terrenos, puedes quedarte sin Camino de Santiago, así de sencillo. Bajé con cuidado y después de una media hora el camino se serena y vuelve a la normalidad. Pasé por una especie de santuario con una estatua muy blanca de la virgen y cerca de las diez llegaba a Uterga; en menos de cinco minutos había atravesado el pueblo y continuaba hacia el próximo, Muruzábal, donde llegué sobre las diez y media. En la plaza de la Iglesia de San Esteban, hice un alto, me senté en uno de sus bancos, me quité la mochila y desayune un bocadillo y un plátano que a partir de esta etapa institucionalizaría como desayuno oficial. También me tomé un botellín de medio litro de agua. Terminado el desayuno, que generalmente duraba una media hora para poder descansar las piernas, me quité el polar ya que el frío de la mañana a estas horas daba paso a un sol intenso y me quedé en manga corta. Después de pasar protector solar, crema de cacao en los labios y ponerme el sombrero de peregrino, continue camino hasta la próxima aldea, que realmente estaba muy próxima. Llegué a las once y media a Óbanos, y de ahí hasta Puente la Reina es un momento; a las doce del mediodía ya estaba allí.
Recorrí las calles de Puente la Reina, hice bastantes fotos, admiré las diferentes iglesias que aparecían a mi paso; realmente es una ciudad histórica en el camino principalmente por su puente sobre el río Arga. Paré a comer antes que otros días, era la una, y cuando entre en el restaurante Joaquín, pregunté si servían menú del peregrino a esas horas, como me dijeron que sí, y había hambre, me quedé a almorzar. El menú muy bueno y bien servido. Poco después de las dos de la tarde, salía del restaurante y atravesaba el famoso puente, desde donde la ciudad aparece como un conjunto de casas antiguas y apelotonadas reflejándose sobre el río, con algunas torres de iglesias sobresaliendo entre ellas... estampa bonita.
Desde Puente la Reina hasta Estella, donde debería terminar mi etapa de hoy, había una distancia de algo mas de 20 km, que se me antojaba muy grande bajo el pesado sol de la tarde. Realmente mucho calor, casi insoportable, tomé mucha agua (3 litros?). A las 3 y cuarto estaba en Mañeru. Sin parar, apenas contemplando el paisaje a paso ligero y haciendo alguna foto que otra, a las cuatro menos cuarto pasaba por Cirauqui, aldea con calles empinadas, tanto que algunas estaban provistas de escaleras de piedra.
El camino era muy bonito visualmente, pero el sol era agobiante. Paré para llenar las botellas de agua en Lorca, a eso de las cinco. Como no encontraba un bar abierto, y la sed apretaba, y estaba sin agua, pregunte a un transeúnte si había una fuente pública por allí cerca; me indicó la plaza del pueblo. Cuando llegué a la plaza y vi la fuente, tenía un letrero encima donde se leía... fuente pública de agua no tratada; no sabía muy a ciencia cierta lo que eso significaba, pero no importaba, llené la botella y me bebí medio litro de un trago. Luego llené las dos botellas en un santiamén. En eso pasó un hombre del lugar y le pregunté si se podía beber de aquella fuente... un poco tarde para preguntar pensé para mi mismo, pero... mejor saber la respuesta. Me dijo que no había problema, que nunca había pasado nada. Al poco llegó un italiano exhausto y me preguntó lo mismo... yo como estaba bien y el paisano me había dicho que tranquilo pues le dije lo mismo al italiano, en fin, si daba algún dolor de barriga, ya lo sabríamos después. 
Sobre las seis llegaba a Villatuerta, agobiado por el calor y bastante cansado. Aunque hoy tenía que llegar a Estella, preferí quedarme en Villatuerta por dos motivos. Primero para reservarme y no acabar hecho polvo ya en la tercera etapa, los cuatro kilómetros que me separaban de Estella, ya los haría mañana, total, solo levantarse un poco antes. Segundo, no sabía si a las horas que iba a llegar a Estella encontraría albergue, y aquí en Villatuerta lo tenía garantizado.
Me hospedé en el albergue de Villatuerta... lindo, solo entrar la hospitalera, Simone, brasileña, de Santa Catarina, me ofreció un vaso de agua fresca que me vino perfecto. Me parecía que estaba en Brasil... muy buen ambiente. Hablé bastante con ella y con el hospitalero, Miguel. Cené en compañía de un puertorriqueño, una mexicana y un valenciano. El ambiente era estupendo, me sentía como en casa, cocina con todo lo que necesitase para preparar la cena, lugar acogedor. Como ya había lavado la ropa y me había duchado antes, estuvimos conversando bastante mientras cenábamos. Cuando miré el reloj eran cerca de las diez, así que como el día habia sido bastante kilométrico y cansado, casi de manera unánime nos fuimos todos a dormir.

Zariquiegui

Subiendo el Alto del Perdón (pasado Zariquiegui)

En el Alto del Perdón

Campos de Trigo (Uterga)

Llegando a Uterga

Iglesia de San Esteban (Muruzábal)

Calle Mayor e Iglesia de Santiago (Puente la Reina)

Vista de la ciudad y del puente del siglo XI (Puente la Reina)

Calles empinadas (Cirauqui)

Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción (Villatuerta)

miércoles, 18 de julio de 2012

Etapa 04: Villatuerta - Torres del Río

Sábado, 16/06/2012
Distancia: 34,0 Kms
Me levanté sobre las 5:50 y ma arregle bastante rápido. La pareja de México y Puerto Rico también se levantaron sobre esa hora. Me hubiese gustado esperar para tomar el desayuno del albergue pero como en muchos otros casos en las próximas etapas, levantarse temprano para emprender ruta obliga a prescindir de algunas cosas, no se puede tener todo, y una cosa importante en el camino es aprender a combinar lo práctico con lo agradable, y lo racional lo emocional; no siempre se puede tener todo... Tomé un chocolate caliente, que hasta que estaba bueno, servido por una máquina de aquellas de monedas que me hizo entrar en calor rápidamente y dejar los músculos a punto para iniciar el camino de hoy. Me quedé un poco triste al abandonar este albergue en el que se respiraba una gran paz y se sentía el cariño y el mimo con el que los hospitaleros Simone y Miguel lo cuidaban de los mas pequeños detalles para ayudar y acoger a los peregrinos que por aquí pasan.
Llegué rápidamente a Estella y también la crucé rápido; debían ser las 7 de la mañana y la ciudad estaba todavía en pijama. Entré por la calle de Curtidores, donde se enclava la fantástica iglesia del Santo Sepulcro que me dejó fascinado, fue construída en el año 1200. Cotinué caminando por las calles estrechas de Estella y la verdad que sentí hambre cuando pase al lado de una fábrica de bollería que a esas horas estaba realizando las entregas para las tiendas de alimentación; el olor era delicioso. Pase por la iglesia de San Pedro de la Rúa, y subí su escalinata con el deseo de que sus puertas estuviesen abiertas, pero estaban cerradas, así que a bajar de nuevo y a continuar camino.
Sobre las ocho y media de la mañana abandonaba Estella y casi en ese mismo momento pasaba por las bodegas Irache, famosas porque tienen una fuente en cuyos surtidores, cuando accionados, en vez de agua, sale vino, aunque a estas horas, no era muy recomendable arriesgarse... pasé de largo.
El camino comenzó a hacerse agradable y las piernas comenzaron a caminar más ligeras, pasadas las primeras horas de ejercicio. A las nueve y media llegaba a Azqueta y, a partir de ahí comienza una cuesta más o menos empinada, pero de corta duración que lleva hasta la localidad de Villamayor de Monjardín, donde llegué veinte minutos más tarde. Es una aldea que obsequia al peregrino con unas vistas maravillosas, ya que se encuentra en lo alto de un monte presidido por el Castillo de Monjardín. La aldea más que calles tiene cuestas, y arriba de todo hay una fuente y una escalera que conduce a una plaza con un busto del rey Sancho Garcés I y un bar con mesitas y sillas en su terraza. Me senté en una de esas sillas y me dispuse a comerme el bocadillo que me había preparado con el pan y el embutido comprado en Torres del Río el día anterior. Cuando terminé de comer, pasé por la fuente para repostar agua y, sobre las diez y media abandonaba la localidad con destino a Los Arcos. El camino es de tierra y si a las vistas de campos de trigo alternando con viñedos, le añadimos que hacía un día estupendo de sol, el resultado es un paseo super agradable en donde se disfruta continuamente del paisaje.
Llegué a Los Arcos a las doce y media pasadas y enfilé la calle Mayor a paso ligero, hice alguna foto y al poco la calle desembocó en una plaza donde se alzaba una bellísima iglesia con bastantes arcos, Iglesia de Santa María de los Arcos. En la base de los arcos había bastantes bancos con peregrinos sentados descansando y también con turistas y aldeanos. Había tambien algunos bares con terrazas dispuestas en la plaza. Pregunté donde se podía comer bien a una de las personas del lugar que estaba sentada en uno de los bancos y me dijo que tenía que salir a la carretera e ir cerca de la estación de autobuses; no recuerdo bien pero creo que fui en el restaurante del hotel Mónaco, creo que subí al primer piso donde se encontraba el salón-comedor. Lo que recuerdo es que la comida estaba muy buena y los camareros muy atenciosos.
Sobre las tres y media estaba nuevamente en camino después de almorzar; este sistema de hacer gran parte de la etapa antes de almorzar y dejarme los últimos 6 u 8 km para caminar después de la comida, es un sistema que me funcionó muy muy bien y que sustituyó al que previamente había ideado cuando diseñé las etapas y que ya desde hoy abandoné totalmente.
A las 16:40 entraba en Sansol, que es una aldea pegada a Torres del Río, y casi a las 5 de la tarde, llegaba a ésta última. El camino después del almuerzo, fue un paseo, tranquilo y casi como aquellos paseos que das después de comer para bajar la comida. El sistema funcionaba!
Me hospedé en un albergue La Pata de la Oca, que está combinado con un hotel y un restaurante. Por el hecho de ser hotel y de ser época de vacaciones, hay bastantes turistas, y el ambiente de peregrino es menor, pero tenía piscina y como hacía sol y calor se pudo aprovechar para estirarse en la tumbona, tomarse una cervecita y comerse un merecido bocata. La hospitatelera super simpática aunque un poco bruta, casi se me come el bocata de chorizo que me había preparado pocos minutos antes. Etapa tranquila y las piernas respondiendo super bien.

Ermita de San Miguel (Villatuerta)

Camino de Estella (entre Villatuerta y Estella)

Iglesia del Santo Sepulcro (año 1200) (Estella)

Camino del Castillo de Monjardín (Azketa)

Vista desde Villamayor de Monjardín

Iglesia de San Andrés (Villamayor de Monjardín)

Alto en el camino (Villamayor de Monjardín)

Balcones con Flores (Los Arcos)

Iglesia de Santa María (Los Arcos)

Campos de trigo (entre Los Arcos y Sansol)